La mente


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[Autoría del texto principal: César Tejedor Campomanes, Introducción al pensamiento filosófico, SM, Madrid, 1996, pp. 48-52. Se han hecho pequeñas modificaciones ajenas al autor]

(en construcción)


Olvidemos, al menos de momento, el ordenador y vayamos directamente al tema de este bloque: ¿qué es la mente humana? Podemos partir de un texto de David Hume (1711-1776):

Hume

David Hume, Tratado de la naturaleza humana, Libro Primero, Parte IV, Sección VI: “De la identidad personal”, edición preparada por Félix Duque, tercera edición, Editorial Tecnos, Madrid, 1998, p. 355. (Se puede consultar esta misma versión AQUÍ y otra versión distinta AQUÍ)

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“David Hume (Edimburgo, 7 de mayo de 1711 – ibídem, 25 de agosto de 1776) fue un filósofo, economista, sociólogo e historiador escocés y constituye una de las figuras más importantes de la filosofía occidental y de la Ilustración escocesa” (Wikipedia).

La introspección -es decir, la mirada a mi interior- sólo me revela una serie de procesos (que Hume llama “percepciones”, dándole a este término un significado más amplio que el actual).

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A ese conjunto de procesos es a lo que se llama “mente“. No descubro nada más: no puedo observar al “yo” que supuestamente los produce y es su “sujeto”. A este yo es a lo que se suele llamar “alma” (espiritual) o, simplemente, “espíritu”.

Pero antes de seguir adelante, conviene que nos pongamos de acuerdo en el significado de estos términos. Hay que tener muy en cuenta que en el lenguaje ordinario se les da a veces otro significado, y ello puede llevar a confusiones y malentendidos. De modo que hemos de tener mucho cuidado.

  1. Alma. Del latín anima (deriva del griego ánemosaire, viento; pero el término griego apropiado es psyché, de psychein, soplar, respirar), de donde también “animal“.
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VV. AA., Diccionario Ilustrado Latín, VOX, Lenguas Clásicas, Larousse Editorial, Barcelona, 2011

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VV. AA., Diccionario Ilustrado Latín, VOX, Lenguas Clásicas, Larousse Editorial, Barcelona, 2011

En sentido estricto, el principio de vida. Sólo así se entiende que en la filosofía griega y medieval se hablara de alma vegetal y animal, además del alma humana.

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José M. Pabón, Diccionario Manual Griego. Griego clásico-Español, Vox – Lenguas Clásicas, Madrid, 1967.

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Varios Autores, Atlas Universal de Filosofía. Manual Didáctico de Autores, Textos, Escuelas y Conceptos Filosóficos, Editorial Oceano, Madrid, 2008, pp. 22-23.

También se entiende que el alma haya sido concebida de las formas más diversas:

  1. Como algo material (en las culturas primitivas es el aire de la respiración, el calor del cuerpo, la sangre…; para los primeros filósofos griegos era aire, fuego, átomos sutiles…);
  2. Como la forma o estructura del cuerpo (Aristóteles);
  3. Como una fuerza vital (teorías vitalistas);
  4. Como una substancia espiritual (concepción que se inicia con los pitagóricos y Platón).
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Aristóteles, Acerca del alma (412 a20), introducción, traducción y notas de Tomás Calvo Martínez, Editorial Gredos, Madrid, 1999, p. 168.

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“anima”, en WIKCIONARIO

2. Espíritu.

Del latín “spiritus” (de spirare, respirar; en griego pneuma, aire). Entidad inmaterial.

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José M. Pabón, Diccionario Manual Griego. Griego clásico-Español, Vox – Lenguas Clásicas, Madrid, 1967.

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VV. AA., Diccionario Ilustrado Latín, VOX, Lenguas Clásicas, Larousse Editorial, Barcelona, 2011

3. Mente.

Del latín “mens” (raíz men-, pensar). El conjunto de los procesos mentales.

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VV. AA., Diccionario Ilustrado Latín, VOX, Lenguas Clásicas, Larousse Editorial, Barcelona, 2011

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Varios Autores, Atlas Universal de Filosofía. Manual Didáctico de Autores, Textos, Escuelas y Conceptos Filosóficos, Editorial Oceano, Madrid, 2008, pp. 544-545.

Por supuesto, éstos son los significados más estrictos, y sería recomendable atenerse a ellos. Por ejemplo, Tomás de Aquino (1224-1274) escribe:

Pero, por desgracia, ni los mismos filósofos se atienen siempre a sus propias definiciones terminológicas, con lo que sólo el contexto permite aclararse.

Por ejemplo, “espíritu de la ley” significa “según la mente (pensamiento, intención) del legislador”.

Hay que tener, pues, mucho cuidado en saber qué sentido tienen en cada caso los términos almaespíritumente. Identificar, sin más, el alma con una entidad espiritual (como es habitual) es ignorar que “alma” puede significar otras cosas. Si alguien dice que cree (o no) en el alma, lo mejor que se puede hacer es preguntarle qué quiere decir para él esa palabra. Y no sería imposible que confesara… ¡que no lo sabe!

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“Alma”, en José Ferrater Mora, Diccionario de Filosofía, Tomo I (A-D), Editorial Ariel, Barcelona, 1998, p. 109-118.

Así, pues, la mente es el conjunto de los procesos mentalesEllo quiere decir que entendemos por “mente” no una “cosa”, una “entidad”, etc., sino solamente una actividad (procesos). Por otro lado, nuestra definición parece circular, ya que se usa el término “mental” para definir la “mente”. No hay problema: entendemos por “mental” todo proceso que posee estas tres características: intencionalidad, conciencia y carácter representacional.

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La mente (apuntes en PDF)

 Charla “La mente según las ciencias cognitivas”, de Pascual F. Martínez-Freire. Esta charla pertenece a la sesión Ciencias Cognitivas del evento de divulgación científica Desgranando Ciencia. Extraído del canal de YouTube “Hablando de Ciencia Divulgacion“. Minuto 1:43: «Quizás, la palabra mente es una palabra que no debe usarse, puesto que da a entender que la mente es algo singular, algo de carácter metafísico, algo extraño…, y tal vez sea mejor hablar de “procesos mentales”»

INTENCIONALIDAD

franz_brentano_portrait-1Se debe a Franz Brentano (1838-1917) la idea de que ésta es la primera y más importante característica de los procesos mentales:

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Franz Brentano, Psicología desde un punto de vista empírico, II, I, § 5 (extraído de César Tejedor Campomanes, Introducción al pensamiento filosófico, SM, Madrid, 1996, p. 49). Versión del texto en PDF AQUÍ (p. 81)

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Helio Carpintero, Historia de las ideas psicológicas, Ediciones Pirámide, Madrid, 1998, p. 190. (Versión del texto de Brentano: Franz Brentano, Psicología, traducción de José Gaos, Revista de Occidente, 2º edición, Madrid, 1935)

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Franz Clemens Brentano, Psychologie vom empirischen Standpunkt, Verlag von Duncker & Humblot, Leipzig, 1874, p. 115

pensandocopia-300x256La intencionalidad es, pues, la propiedad de los procesos mentales de hacer referencia a un objeto, tener un objeto o contenido. Todo proceso mental es “sobre algo”. Si conozco, amo, imagino…, necesariamente conozco, amo o imagino algo. Es absurdo, por ejemplo, decir: “Estoy pensando en nada”, salvo que se entienda: “En nada importante, en nada que te pueda interesar, etc.”.

Actualmente se suele definir la intencionalidad como una actitud proposicional Es decir, el objeto o contenido de la mente es una proposicióny la intencionalidad es una actitud (creo, espero, deseo, etc.) ante ella.

Por ejemplo: “Espero que p“, donde p es una proposición cualquiera como “Mañana lloverá” o “Está en el armario”.

Esta concepción de intencionalidad expresa bastante claramente dos cosas:

  1. Que es indiferente que el objeto de la intencionalidad, o actitud proposicional, sea real o no (“Mañana lloverá” no es algo real), se frustre o no (podría no llover), sea verdadero o falso (quizá no está en el armario).
  2. Que ésta es una diferencia entre acontecimientos mentales y físicos: carece de sentido preguntarse por la “actitud” del fuego o de la lluvia. Y una diferencia entre la mente y el ordenador: éste procesa proposiciones, pero no tiene ninguna “actitud” ante ellas. Sería sorprendente que un ordenador enviara mensajes como “Eso no me lo creo” (y que realmente no se lo creyera).

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CONCIENCIA

La conciencia no es una “cosa” ni “un espacio” en la mente, es el conocimiento inmediato de los propios procesos mentales. Es la con-ciencia, es decir, el “conocimiento del (o con) conocimiento”. O también -aunque en principio no parece lo mismo- el darse cuenta de algo.

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Pablo López Álvarez, “conciencia”, en Diccionario Espasa de Filosofía, VVAA., dirigido por Jacobo Muñoz, Editorial Espasa Calpe, Madrid, 2003, pp. 101-104

Supongamos que he invitado a alguien a comer a casa, y que su vaso está vacío. Pudieran suceder entonces varias cosas:

  1. Que yo esté mirando su vaso, pero no me dé cuenta de que está vacío: estoy “mirando sin ver”; lo miro, pero no me doy cuenta. Y, claro, no digo nada (para desesperación, quizá, del otro).
  2. Que me dé cuenta y diga: “Tu vaso está vacío” (y el otro, quizá, suspira aliviado).
  3. Que me dé cuenta y diga: “Perdona, veo que tu vaso está vacío”.

Analicemos estas tres posibilidades. “Veo que tu vaso está vacío” es una actitud proposicional (Veo que p). En el primer caso (1) no adopto esa actitud, ya que no soy consciente de lo que pasa; en (2) tomo conciencia de (“Tu vaso está vacío”); en (3) tomo, además, conciencia de mi actitud ante p (“Veo que…”).

Quizá quede claro -con este ejemplo- que hay dos tipos de conciencia: la conciencia de un objeto, o conciencia directa, y la conciencia de un proceso mental, o conciencia refleja. Con la primera me doy cuenta de “que p” (“Tu vaso está vacío”); con la segunda me doy cuenta de mi actitud ante p (mi actitud de “ver” que p).

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Un problema: ¿puede darse sólo conciencia directa, sin que exista también conciencia refleja? Quizá todo sea cuestión de énfasis y siempre se dan las dos clases de conciencia, pero predominando una o la otra.

El “darse cuenta” (la conciencia) no es un proceso distinto de los demás procesos mentales y que se sobreañada a ellos, sino una cualidad que los acompaña. Si no fuera así, probablemente se entraría en “proceso al infinito”. Imagínese este diálogo absurdo: “Tu vaso está vacío”. “¿Cómo lo sabes?”. “Porque me doy cuenta”. “¿Y cómo sabes que te das cuenta?”. Si contesto: “Porque me doy cuenta de que me doy cuenta”, entonces estoy perdido: me volverá a preguntar indefinidamente lo mismo, y no tendré escapatoria. Mi respuesta debería ser: “Simplemente, me doy cuenta; sin más”. [Un consejo: En estos casos, lo mejor es evitar que el vaso del otro se quede vacío].

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CARÁCTER REPRESENTACIONAL

Se suele insistir en el carácter representacional de la mente: un proceso mental es siempre un re-presentarse un objeto. El objeto (por ejemplo, una noche lluviosa) no está presente en la mente en sí mismo o “en persona” (en cuyo caso la mente se encontraría bastante oscura y mojada), sino sólo representado.

descarga-1Cuando alguien no puede acudir a un sitio, quizá envíe una representación; así se hace presente, pero no en persona, sino por medio de otro. Tal sucede con la presencia (intencional) de los objetos en la mente: son representaciones. El problema es: ¿qué clase de representaciones?

Hay que hacer aquí -no hay más remedio- algunas aclaraciones técnicas.

Signo es todo aquello (sonido, gesto, imagen, cosa…) que al ser percibido remite a algo ausente (a lo cual, por tanto, re-presenta).

250px-charles_sanders_peirce_theb3558Según Charles Sanders Peirce (pronunciado /ˈpɜrs/ purse en inglés(1839-1914) -cuya concepción ha sido muy influyente- hay tres clases de signos:

  1. Índice: Todo signo que tiene alguna conexión física con el objeto denotado (ej., huella del pie, fiebre).
  2. Icono: Si hace referencia a un objeto por algún tipo de semejanza; puede ser imagen, diagrama o metáfora.
  3. Símbolo: Si la relación con el objeto está determinada únicamente por una convención previa. Los signos lingüísticos y matemáticos son, así, símbolos. Y también los ordenadores utilizan un sistema simbólico.
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Charles Sanders Peirce, La ciencia de la semiótica, Ediciones Nueva Visión, Buenos Aires, 1976, p. 30 (consultar texto completo AQUÍ)

Por otro lado, en todo signo hay que distinguir el significante y el significado, llamándose la relación entre ambos “significación“. Esto es de sobra conocido. La cuestión importante es la siguiente:

La consideración sintáctica de un lenguaje cualquiera (el lenguaje humano o el lenguaje “máquina” de los ordenadores) sólo atiende a la combinación, según reglas, de los significantes entre sí; nada importa el significado. Es el caso de los ordenadores: sólo son “máquinas sintácticas” que relacionan símbolos.

En cambio, la mente humana tiene también un carácter semántico: no sólo combina significantes, sino que también les reconoce un significado, y mediante él se refiere a los objetos. La mente sabe lo que significa “lluvia” y con ese signo se refiere (en esto consiste la intencionalidad) a un acontecimiento del mundo. [Leed ahora el texto que da comienzo a este tema].

La cuestión es: ¿de qué clase son las representaciones mentales?

220px-jerry_fodor_in_2007La tesis más simplificadora afirma que son exclusivamente simbólicas, es decir, de tipo lingüísitico (cfr. supra la definición de símbolo).

Es famosa la teoría de Jerry Alan Fodor (nacido en 1935 en Nueva York, Estados Unidos) según la cual habría un lenguaje del pensamiento (The Language of Thought) -llamado “mentalés“- dotado de una sintaxis semejante a la de la lógica matemática (cálculo proposicional) y basado en estructuras neurológicas.

Por supuesto, el mentalés -que también es semántico, es decir, de significados- es distinto del lenguaje ordinario con el que nos comunicamos unos con otros.

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Esta tesisdescarga-22 establece un claro paralelismo entre la mente y el ordenador. Este último manipula símbolos, y utiliza lenguajes de varios niveles: el programador se comunica con el ordenador mediante un lenguaje que éste puede interpretar (lenguaje “de programación”), pero luego lo traduce al lenguaje que realmente utiliza (el lenguaje “máquina”). Algo parecido sucedería con las mentes humanas: pensamos conscientemente y nos comunicamos con los demás en lenguaje ordinario, pero nada tendría de extraño que la mente manejara lenguajes simbólicos más comprimidos (el mentalés), que luego traduciría al lenguaje ordinario.

Muchos, sin embargo, no están de acuerdo con la tesis de Fodor: las representaciones mentales no son exclusivamente simbólicas, sino que poseen, por decirlo de alguna manera, diversos formatos.

Uno de los argumentos esgrimidos en favor de la nueva tesis es que ni los animales (con los que nos encontramos en continuidad biológica) ni los niños muy pequeños piensan, evidentemente, con representaciones lingüísticas (es decir, “frases”). Existen otras formas de representación que son “icónicas” o “pictoriales” (como “pinturas”) y tienen carácter espacial: imágenes, esquemas, prototipos, etc. Muchos de nuestros conceptos parecen estar representados en la mente de este modo.

menteDe manera que lo más probable es que las representaciones mentales no sean todas de carácter simbólico, y, seguramente las de los niños pequeños no lo son. Esto plantea bastantes problemas.

Por ejemplo, es posible que un concepto esté representado -o se brunerintente representar- en un formato poco adecuado. O puede ser que conocimientos sobre la misma cuestión estén representados con formatos diversos y uno no sea capaz, por ello, de relacionarlos entre sí. Esto quiere decir que es necesario poder hacer la traducción de un formato a otro.

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Jerome Bruner (1915 – 2016): “Jerome Bruner was a leader of the Cognitive Revolution that ended the reign of behaviorism in American psychological research and put cognition at the center of the field…” (Harvard University, Department of Psychology)

Si uno no entiende una explicación en formato simbólico (lingüístico), es posible que pida “un ejemplo” visual (y muchos libros están llenos de ellos). Pero si uno se queda en el ejemplo, y no es capaz luego de generalizarlo y pasarlo a formato lingüístico, no será capaz de explicar nada más tarde. Sólo será capaz de repetir el ejemplo. Ello explica muy bien cómo es posible que se diga a veces: “Lo sé, pero no puedo explicarlo”. Lo que está diciendo es: “¡No puedo pasarlo (traducirlo) al formato lingüístico!” [Tal vez, entonces, no haya que aprender sólo esquemas visuales. Habrá que ser capaz de explicarlos también “con palabras”].

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Jerome Bruner, Acción, pensamiento y lenguaje, compilación de José Luis Linaza, Alianza Editorial, Madrid, 1984, p. 122 (leer más AQUÍ)

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CONCLUSIONES

Así, pues, los procesos mentales parecen ser:

  1. Procesos de re-presentación de carácter no sólo simbólico (lingüístico), sino también imaginativo, etc.
  2. Mediante estas representaciones se hace referencia a objetos, existentes en el mundo o no (intencionalidad).
  3. Estos procesos no son siempre conscientes.

Las tres características están, pues, íntimamente relacionadas.

descarga-3Por supuesto, se podrían citar algunas características más. Por ejemplo, la subjetividad. Quiere decirse que los procesos mentales no son “públicos”, son sólo para mí. Tú y yo podemos tener ante la vista la misma escena (por ejemplo, imágenes de violencia en televisión); la escena es pública, pero mi modo de verla, mi indignación, etc., son sólo míos, pertenecen a mi vida “privada”.

Se ve inmediatamente los problemas que esto plantea: ¿Cómo puedo comunicar mi vida interior, si es sólo mía? ¿Cómo puedo comprender la tuya? ¿Cómo sé, incluso, que la tienes?

Pero existen muchos otros problemas relacionados con la vida mental. Algunos de ellos se citarán aquí, y otros al final de este tema.

  1. ¿Todos los procesos mentales son representacionales (es decir, procesos por los que nos representamos algo)? No. Pero los que no los son -por ejemplo, los sentimientos- se basan en representaciones: “Nada puede ser juzgado, ni deseado, ni esperado o temido si no ha sido previamente representado”, escribe Brentano, quien considera absurda la pretensión de Johann Friedrich Herbart (1776-1841) de “reducir todos los otros fenómenos psíquicos a estados representativos que es posible deducir de otros estados representativos”.
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Franz Brentano, Psicología desde un punto de vista empírico, II, I, § 3 (“Los fenómenos psíquicos son representaciones o tienen representaciones por base”). Versión del texto en PDF AQUÍ (p. 65)

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Franz Clemens Brentano, Psychologie vom empirischen Standpunkt, Verlag von Duncker & Humblot, Leipzig, 1874, p. 105

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Franz Brentano, Psicología desde un punto de vista empírico, II, I, § 3 (“Los fenómenos psíquicos son representaciones o tienen representaciones por base”). Versión del texto en PDF AQUÍ (p. 66)

En cambio, los fenómenos fisiológicos -como la circulación de la sangre- son independientes de las representaciones mentales. Por supuesto, al ver a otra persona puedo “ponerme rojo (o roja)”, pero ello no es debido a la representación, sino a la emoción que me provoca la visión de esa persona. (?*)

2. ¿Todos los procesos mentales son intencionales? Se ha defendido que ciertos estados afectivos no lo son: puedo estar triste sin más, sin objeto, sin contenido, sin saber por qué. Brentano respondió a esta objeción afirmando que los sentimientos responden siempre a una representación intencional (habría que añadir: la cual puede ser inconsciente). Por eso, aunque estoy triste sin saber por qué, pienso que “será por algo” e intento encontrarlo.

3. ¿Todos lo220px-frans_hals_-_portret_van_rene_descartess procesos mentales son conscientes? Ya se ha sugerido más arriba que no. Fue René Descartes (1596-1650) quien identificó alma, pensamiento y conciencia.

Todo pensamiento -afirmó- es consciente; y si no lo es, no es un pensamiento, no es nada.

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Descartes, Conversación con Burman, traducción y notas de Ernesto López y Mercedes Graña, en Biblioteca de Grandes Pensadores, estudio introductorio de Cirilo Flórez Miguel, editorial Gredos, Madrid, 2011, p. 422 (leer más AQUÍ)

Esta doctrina bloqueó durante siglos las sospecha de que pudieran existir procesos mentales inconscientes, y condujo a que la psicología fuera definida como “ciencia de la conciencia”.

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Tabla: “Principales escuelas de psicología”, en José Ignacio Alonso García, Psicología Bachillerato, McGrawHill, Madrid, 2008, p. 13

200px-gottfried_wilhelm_von_leibnizSin embargo, un cartesiano del siglo XVII sugirió lo contrario: Gottfried Wilhelm Leibniz (1646-1716) distinguió entre “percepciones” y “apercepciones“, afirmando que las primeras eran inconscientes, de tal modo que es posible “percibir sin apercibirse”.

Afirmó también que en todas las cosas ocurrían percepciones, y que -en definitiva- la conciencia no era algo de “todo o nada”, sino que existían grados de conciencia.

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Manuel García Morente, Lecciones preliminares de filosofía, en Obras completas II (1937-1942), Volumen I, Edición de Juan Miguel Palacios y Rogelio Rovira, Editorial Anthropos, Madrid, 1996, p. 174

sigmund_freud_lifeSin embargo, hasta Sigmund Freud (1856-1939), a principios del siglo XX, no se impone como una evidencia la existencia del inconsciente.

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Procesos mentales (apuntes en PDF)

(…)


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