El puesto del ser humano en el cosmos


EL SER HUMANO // NATURALEZA Y CULTURA // El ser humano //El puesto del ser humano en el cosmos // La diferencia // Naturaleza y cultura // LA MENTE // La máquina // La mente // La estructura de la mente // La memoria // Alma y cuerpo. Mente y cerebro //  LA PASIÓN Y EL DESEO // Razón y pasión // Ese oscuro mundo // Lo que nos mueve//La unidad del ser humano //


[Autoría del texto principal: César Tejedor Campomanes, Introducción al pensamiento filosófico, SM, Madrid, 1996, pp. 14-18. Se han hecho pequeñas modificaciones ajenas al autor]

(en construcción)


Al buscar “la diferencia” con las cosas que le rodeaban -en especial, los animales-, el ser humano intentó, pues, comprenderse a sí mismo determinando su puesto en el cosmos. Pero ello presuponía una previa concepción del mundo en el que había que situarse. Dos concepciones fundamentales se han sucedido a lo largo de la historia del pensamiento: el mundo como museo, y más tarde el mundo en evolución.

EL MUNDO COMO MUSEO

La infinita variedad del Universo debió ser motivo de continua sorpresa para la Humanidad primitiva. ¿Cómo orientarse en medio de ese caos? Nació así la necesidad de imponer un orden: realizar una clasificación del mundo. Ya el simple hecho de poner un nombre a las cosas supone, de algún modo, archivarlas -clasificándolas- en la memoria.

Arist_animales_

Aristóteles, Investigación sobre los animales, trad. cast. Julio Pallí Bonet, Gredos, Madrid, 1992, p. 42 (487a 10-20)

Clasificar es distribuir en “clases” según algún criterio. Las primeras clasificaciones sistemáticas que nos han llegado son las de Aristóteles, y son -precisamente- clasificaciones de animales.

Pero lo importante es esto: Aristóteles creía que cada especie clasificada representaba un modelo ideal y eterno. El investigador debía examinar detenidamente cada animal para descubrir ese “modelo” (o “plan” general de estructuración). La cuestión tiene tanta relevancia para la historia de la filosofía y de la ciencia, que debe ser explicada con un poco más de detalle.

Platón_Atlas_Ideas

Peter Kunzmann, Franz-Peter Burkard y Franz Wiedmann, Atlas de filosofía, Alianza Editorial, Madrid, 2007, p. 38.

Esta concepción aristotélica deriva de Platón, su maestro. Platón pensaba, efectivamente, que cada cosa poseía una esencia, pero que esa esencia preexistía -desde toda eternidad- a las cosas mismas y era, por tanto, independiente de ellas. Las cosas no hacían sino copiarla, realizarla imperfectamente en la materia. A la esencia la llamó “Idea“.

Potter_at_work,_Jaura,_India

“Potter at work, Jaura, India” (Wikimedia Commons)

Quizá se inspiró en el modo como trabajan los artesanos: primero conciben la idea de lo que piensan hacer -supongamos, una vasija- y luego copian el modelo en barro. Fabrican, así, muchas vasijas según un único modelo, pero ninguna es el modelo, ni lo realiza perfectamente.

800px-Platoneeleidee

«Schema concettuale dell’idea universale di Cavallo, di cui sono partecipi i singoli cavalli particolari» (Wikipedia in italiano)

Pasemos ahora a los seres naturales; supongamos, los caballos. ¿Quién es su artesano? No lo hay (o es “la Naturaleza”). Sin embargo, los caballos realizan una “Idea”, la Idea o modelo “caballo”, y esta Idea debe ser real, debe existir, ya que los caballos también existen. ¿Dónde se encuentra la Idea “caballo”? No en los caballos, puesto que estos no son “el caballo”. Por tanto, hay un Mundo de las Ideas (o “modelos ejemplares”), mundo eterno y solo accesible a la inteligencia.

Según esta concepción, la esencia o Idea es algo eterno e inmutable. Parece, en efecto, que Platón concebía las esencias al modo de los “entes matemáticos”.

400px-Shape_Area.svg

“Figuras geométricas que delimitan superficies planas” (Wikimedia Commons)

Estos, desde luego, escapan al tiempo: puede decirse que desde toda eternidad, por ejemplo, existe el triángulo, el cuadrado, el círculo, etc. (con independencia de que existan, o no, cuerpos triangulares, cuadrados o circulares). Ninguna figura geométrica se engendra ni perece, ninguna da lugar a otra. Pues bien, del mismo modo existen desde toda eternidad el perro, el gato o el ser humano.

¿Se comprende ya por qué esta cuestión es tan importante para la historia de la ciencia? Las especies son eternas e inmutables. ¡La evolución de las especies era, pues, algo inconcebible para los filósofos griegos!

La filosofía cristiana medieval transformó esta concepción al añadir la idea -totalmente ajena al pensamiento griego- de creación divina. Dios -el “artesano” o “alfarero” eterno- ha hecho todas las cosas, y cada cosa es una realización de una idea del Creador. Por supuesto, las diversas especies ya no son eternas (solo lo son las ideas divinas), pero existen todas desde el principio. El relato bíblico del Génesis dice, en efecto, lo siguiente:

“20 Dios dijo: «Que las aguas se llenen de una multitud de seres vivientes y que vuelen pájaros sobre la tierra, por el firmamento del cielo».
21 Dios creó los grandes monstruos marinos, las diversas clases de seres vivientes que llenan las aguas deslizándose en ellas y todas las especies de animales con alas. Y Dios vio que esto era bueno.
22 Entonces los bendijo, diciendo: «Sean fecundos y multiplíquense; llenen las aguas de los mares y que las aves se multipliquen sobre la tierra».
23 Así hubo una tarde y una mañana: este fue el quinto día.
24 Dios dijo: «Que la tierra produzca toda clase de seres vivientes: ganado, reptiles y animales salvajes de toda especie». Y así sucedió.
25 Dios hizo las diversas clases de animales del campo, las diversas clases de ganado y todos los reptiles de la tierra, cualquiera sea su especie. Y Dios vio que esto era bueno.
26 Dios dijo: «Hagamos al hombre a nuestra imagen, según nuestra semejanza; y que le estén sometidos los peces del mar y las aves del cielo, el ganado, las fieras de la tierra, y todos los animales que se arrastran por el suelo».
27 Y Dios creó al hombre a su imagen; lo creó a imagen de Dios, los creó varón y mujer.
28 Y los bendijo, diciéndoles: «Sean fecundos, multiplíquense, llenen la tierra y sométanla; dominen a los peces del mar, a las aves del cielo y a todos los vivientes que se mueven sobre la tierra»”.

Génesis 1, 20-28,
La Biblia, traducción argentina, 1990,
página  de La Santa Sede.

Creación_Oceano_

Varios Autores, Atlas Universal de Filosofía. Manual Didáctico de Autores, Textos, Escuelas y Conceptos Filosóficos, Editorial Oceano, Madrid, 2008, p. 170.

Este texto bíblico -esto se ha sabido no hace tanto tiempo- no estaba escrito para hacer una descripción cronológica de la creación del mundo. Su intención era otra: enseñar que si Dios trabajó seis días y descansó el séptimo, el ser humano -que continúa con su trabajo la labor divina- debe santificar el sábado.

“Pues en seis días hizo el Señor el cielo y la tierra, el mar y todo cuanto contienen, y el séptimo descansó; por eso bendijo el Señor el día del sábado y lo hizo sagrado”

(Ex 20, 11. Extraído de Catecismo de la Iglesia Católica,
página  de La Santa Sede.)

Sin embargo, el texto fue interpretado literalmente, y afianzó la concepción griega, bloqueando cualquier concepción evolucionista del mundo. Dios, por ejemplo, había creado directamente todas las especies, también al ser humano: inútil buscar otro origen.

Osamu Tezuka

«Tezuka Osamu no Kyuuyaku Seisho Monogatari (手塚治虫の旧約聖書物語 Las Historias de la Biblia de Osamu Tezuka), es un serie de anime que consta de 26 episodios que narran las historias del antiguo testamento, con los acontecimientos más importantes, los milagros… Esta serie fue creada por asesoramiento del vaticano, sin embargo, al haber sido hecha conforme a los estándares de animación japonesa, algunos de los capítulos (en especial los primeros) incluyen imágenes que en occidente son consideradas pornográficas» (Wikipedia)

 Historia de la Biblia, serie de animación creada por Nippon TelevisionRadiotelevisione Italiana.

El mundo es, pues, como un gran museo que tiene cuatro enormes salas superpuestas: minerales, vegetales, animales, el ser humano. Si alguien pregunta: “¿Desde cuándo están allí?”, la respuesta sería: “Desde siempre”. “¿Y siempre fueron así?” “Sí, no han variado jamás, ni pueden hacerlo: responden a modelos eternos, o a ideas divinas inmutables; las especies son inmutables”. “Así, pues, ¿no hay movimiento hacia los pisos superiores?” “No. La superposición sólo expresa la jerarquía de los seres; en la planta superior se encuentra el rey de la creación, el ser humano”. Un cosmos-museo: estático, perfecto, inmutable, completo desde siempre y para siempre.

Naturalmente, esta visión ha sido expuesta de un modo un tanto simplificado y caricaturizado. Hay matices. Por ejemplo, San Agustín (ss. IV-V) -inspirándose en una idea de los filósofos estoicos– pensaba que no todas las especies animales habían existido desde el principio: Dios, en el instante de la creación, depositó en la materia las “semillas” o gérmenes de todas las especies, las cuales irían apareciendo en el momento querido por el mismo Dios.

«La sabiduría de Dios no abarca a esta creación por grados o llega a ella como con pasos. Por lo tanto, tan fácil es a Dios crear todas las cosas, ya que todas las cosas fueron creadas por la sabiduría de Dios, como le es darles a ellas movimientos eficacísimos, para que esto que ahora vemos moverse con intervalos de tiempo llevándolos a cabo como conviene a cada una según su género, tenga origen de aquellas razones ingénitas las que en forma seminal introdujo Dios en las naturalezas en el acto de crearlas, cuando dijo y se hicieron, cuando lo ordenó y fueron creadas»

San Agustín, Del Génesis a la letra,
traducción Lope Cilleruelo,
Libro IV, Capítulo XXXIII,
extraído de http://www.augustinus.it/

En cualquier caso, el mundo-museo y el desconocimiento de la evolución es -salvo raras excepciones- la visión del cosmos hasta el siglo XIX. En consecuencia, la biología de los siglos XVII-XIX profesó -aunque no universalmente- el “fijismo“, es decir, el carácter inmutable de las especies.

Fijismo_Oceano_

Varios Autores, Atlas Universal de Filosofía. Manual Didáctico de Autores, Textos, Escuelas y Conceptos Filosóficos, Editorial Oceano, Madrid, 2008, p. 112.

Su defensor más destacado fue un paleontólogo de enorme prestigio e influencia, Georges Cuvier (1769-1832), quien creía que todas las especies habían sido creadas directamente por Dios (creacionismo).

rtve

“El barón de Cuvier y la revolución de las clasificaciones del reino animal”, en “A hombros de gigantes online”, en RTVE.es A la Carta: «En contraste con las ideas evolucionistas de Lamarck y Saint-Hilaire, Cuvier defendía la inmutabilidad de las especies, y sostenía que el diseño eficiente de cada animal es la prueba de que éste no puede haber variado desde su creación»

El fijismo de Cuvier se encontraba vinculado a una curiosa teoría acerca del mecanismo de la generación de los seres vivos: el preformismo (teoría elaborada y sostenida por los partidarios de la preformación). Esta teoría surgió en el siglo XVII (Malpighi y otros) y encuentra partidarios en el siglo XVIII: Bonnet, Maupertuis, Buffon y el mismo Cuvier.

Afirma que en el germen se encuentra ya formado anticipadamente y en miniatura el futuro ser, el cual, por tanto, solo necesita aumentar de tamaño. Para unos, el germen se encontraba en el óvulo producido por la hembra (ovismo), y para otros en el semen del macho (espermatismo animaculismo).

Pero algunos defendieron incluso una fantástica suposición (teoría de la encapsulación): el germen contiene incluso todas las generaciones futuras (por tanto, todos los seres humanos deben haber preexistido en el óvulo de Eva). Se lleva así el preformismo a sus últimas consecuencias: no sólo todas las especies han sido creadas al principio por Dios, sino incluso también los individuos.

Actualmente, estas teorías nos parecen asombrosas o incluso ridículas. ¿Cómo pudieron ser creídas y defendidas por investigadores honestos e inteligentes? ¿Cómo el preformismo pudo ser preferido al epigenetismo, que había sido defendido por Aristóteles? Quizá porque (casi) ninguna teoría es absurda o ridícula en sí misma, y puede ser considerada como verosímil si se encuentra en coherencia con otras teorías ya comúnmente aceptadas. El epigenetismo solo se impondrá gracias a la aparición de la noción de “célula”: entonces se comprenderá que el germen es algo organizado, pero desprovisto de toda semejanza con el ser futuro. Lo que se encuentra en él es sólo la “información” genética que orientará el futuro desarrollo.

Célula_Atlas Biología

Andrés de Haro Vera, Atlas de Biología, Ediciones Jover, Barcelona, 1991, serie C, núms. 1-4 (texto completo AQUÍ).

pdf

El mundo como museo (apuntes en PDF)

EL MUNDO COMO FÁBRICA

La teoría de la evolución es actualmente la teoría central de la biología contemporánea, ya que interrelaciona todas las disciplinas que se ocupan de los seres vivos y ofrece una explicación coherente de todos los fenómenos de la vida. Pero tiene un inconveniente: no se presta a ninguna comprobación directa.

Origen y evolución de la humanidad, vídeo publicado por la Fundación Areces: «Entrevista a Francisco J. Ayala, profesor de Ciencias Biológicas en la Universidad de California (Irvine) sobre el origen y la evolución biológica y cultural de la especie humana: la teoría de la selección natural de Darwin, la evolución por cooperación descrita por Lynn Margulis, las adaptaciones culturales a través de la modificación del ambiente para adaptarlo a nuestros genes…»

En su desarrollo actual, esta teoría defiende las siguientes hipótesis:

  1. La vida procede de la materia inanimada. (Y se puede hablar de “vida” desde el momento que existe capacidad de reproducción).
  2. Todos los seres vivos proceden de un único o de unos pocos sistemas vivientes, originados espontáneamente.
  3. Todos los seres vivos están constituidos por células y, por tanto, están hechos del mismo “material”.
  4. La evolución gradual de las especies se explica mediante la acción conjunta de los siguientes factores: mutaciones fortuitas, recombinación de genes en el seno de una población, selección natural y aislamiento genético.

    AYALA_Soy_un_mono_

    «Soy un primate. Los monos son primates, pero los humanos no son monos…». Francisco J. Ayala, ¿Soy un mono?, Editorial Ariel, Barcelona, 2011, p. 19. (Leer el texto completo AQUÍ).

¿Cuál es la imagen del mundo -al menos del mundo de los seres vivos- que se deriva de la teoría de la evolución? Quizá la de una inmensa fábrica, en la que se desarrollan nuevos modelos a partir de los antiguos, quedando éstos relegados al museo.

No habría inconveniente en seguir comparando el mundo en evolución con un museo. Pero se trataría, entonces, de un museo insólito, dentro de un edificio casi inimaginable. De una sala bastante modesta -rotulada “Origen de la vida”- partiría una inmensa ramificación de pasillos, galerías y salas. Las especies actualmente vivas estarían todas ellas situadas al final de los recorridos posibles; y la mayor parte de las salas anteriores estarían únicamente ocupadas por fósiles o, simplemente, vacías (“eslabones perdidos“).

El visitante, perdido en el laberinto de pasillos y salas, podría preguntar: “¿Quién ha construido semejante desorden?”. “No se lo va a creer: es un museo que se desarrolla solo. Ya ve: comenzó en una pequeña salita, con seres de microscopio, y, desde hace millones de años, se ha ido ramificando. Es un museo que crece como un árbol genealógico. Cada especie representada -por desgracia, muchas han desaparecido por completo- reconoce en las anteriores a sus ancestros”. “¿Ha dicho usted que el museo crece solo? ¿Pretende que crea que mañana podrían aparecer solas nuevas especies?”. “Si usted vuelve mañana, todo seguirá igual. Tendría que volver dentro de un millón de años, y algo notaría. Por eso hasta ahora nadie se había dado cuenta de que el museo está vivo y se transforma”.

 «Han sido necesarios 1500 millones de años [desde el origen de la Tierra] para que se formara esa célula única de la que provenimos todos. El maravilloso espécimen en que nos íbamos a convertir conserva, sin embargo, algunos vestigios de su rapidísima evolución». “El gran planeta celular”, capítulo de la serie Érase una vez… la vida.

EL PUESTO DEL SER HUMANO EN EL COSMOS

Hacer del ser humano un microcosmos implicaba -en realidad- concebir el cosmos antropomórficamente, como si fuera un animal vivo, cosa que muchos antiguos (por ejemplo, Aristóteles) no admitieron. Ése fue uno de los fundamentos de la magia renacentista: si el mundo era un animal, se lo podía domesticar.

Juan Pico de la Mirándola (1463-1494), en un célebre escrito (Oración sobre la dignidad del ser humano), se mostró poco convencido de cuanto decían los antiguos:

Pico de la Mirándola_foto

«No llegaba a convencerme todo eso que se aduce por muchos sobre la excelencia de la naturaleza humana, a saber, que el hombre es el intermediario de todas las criaturas, emparentado con las superiores, rey de las inferiores, por la perspicacia de sus sentidos, por la penetración inquisitiva de su razón, por la luz de su inteligencia, intérprete de la naturaleza, cruce de la eternidad estable con el tiempo fluyente y (lo que dicen los Persas) cópula del mundo y como su himeneo, un poco inferior a los ángeles, en palabras de David»

Pico de la Mirándola, De la dignidad del hombre, traducción de L. Martínez Gómez, Madrid, Editora Nacional, 1984, p. 103.

Pico de la Mirándola propone, en cambio, una concepción en la que se unen el mito de Prometeo y el relato bíblico de la creación, junto con la teoría platónica de las Ideas (modelos ejemplares). Cuando Dios termina la creación del cosmos, decide crear alguien que pudiera apreciarla; pero se encuentra con que ya no queda ni sitio ni “modelo” para ningún ser más:

«Por ello, acabado ya todo (…), pensó al fin crear al hombre. Pero ya no quedaba en los modelos ejemplares una nueva raza que forjar, ni en las arcas más tesoros como herencia que legar al nuevo hijo, ni en los escaños del orbe entero un sitial donde asentarse el contemplador del universo. Ya todo lleno, todo distribuido por sus órdenes sumos, medios e ínfimos. (…) Decretó al fin el supremo Artesano que, ya que no podía darse nada propio, fuera común lo que en propiedad a cada cual se había otorgado. Así pues, hizo del hombre la hechura de una forma indefinida, y, colocado en el centro del mundo, le habló de esta manera: “No te dimos ningún puesto fijo, ni una faz propia, ni un oficio peculiar, ¡oh Adán!, para que el puesto, la imagen y los empleos que desees para ti, esos los tengas y poseas por tu propia decisión y elección. Para los demás, una naturaleza contraída dentro de ciertas leyes que les hemos prescrito. Tú, no sometido a cauces; algunos angostos, te la definirás según tu arbitrio al que te entregué. Te coloqué en el centro del mundo, para que volvieras más cómodamente la vista a tu alrededor y miraras todo lo que hay en ese mundo. Ni celeste, ni terrestre te hicimos, ni mortal, ni inmortal, para que tú mismo, como modelador y escultor de ti mismo, más a tu gusto y honra, te forjes la forma que prefieras para ti. Podrás degenerar a lo inferior, con los brutos; podrás realzarte a la par de las cosas divinas, por tu misma decisión.” (…) Lo que cada cual cultivare, aquello florecerá y dará su fruto dentro de él. Si lo vegetal, se hará planta; si lo sensual, se embrutecerá; si lo racional, se convertirá en un viviente celestial; si lo intelectual, en un ángel y en un hijo de Dios».

Ibíd., pp. 104-106.
(Esta traducción puede consultarse AQUÍ.
Otra versión del texto puede consultarse AQUÍ).

Este texto de Pico de la Mirándola revela la dificultad de los pensadores para encontrar un puesto al ser humano en el cosmos. El ser humano parece carecer de naturaleza fija (no es realización de ningún “modelo” específico), de ahí que no se le pueda asignar un sitio también fijo, como a los demás seres. Su lugar está en cualquier parte: allí donde él quiera estar. Un siglo más tarde, Copérnico (1473-1543) dará la interpretación cosmológica de este punto de vista: el ser humano no habita en el centro del cosmos.

Documental -en alemán- sobre Copérnico de la serie alemana Meilensteine der Naturwissenschaft und Technik: “Das Weltbild des Nikolaus Kopernikus“.

El mismo documental doblado al castellano: “La concepción del mundo de Nicolás Copérnico“.

Ayala_Origen

Francisco J. Ayala, Origen y evolución del hombre, Alianza Editorial, Madrid, 1995, p. 11.

  • La teoría de la evolución cambia el punto de vista: ahora el ser humano ya no se sitúa en el espacio, sino en el tiempo, y precisamente al final de una de las líneas evolutivas. Es un “recién llegado” a quien nadie esperaba, ya que incluso pudo no haber aparecido nunca; está hecho de la misma materia que los demás animales, y con algunos de ellos posee evidentes lazos de parentesco. Ello le obliga a renunciar a su antiguo orgullo: ya no puede seguir pensando que todo ha sido hecho “para él”, y que sólo él tiene “derechos”. Al contrario, ha de compartir el mundo con las plantas y los animales, y reconocer que ellos también tienen sus “derechos”.

“Nuestro lugar en la evolución”, entrevista a Francisco J. Ayala en OpenMind.

Atlas_Evolucionismo

Varios Autores, Atlas Universal de Filosofía. Manual Didáctico de Autores, Textos, Escuelas y Conceptos Filosóficos, Editorial Oceano, Madrid, 2008, p. 408.

Pero resulta que este recién llegado, este “último de la fila”, es también “el último producto” de la evolución, en el que ésta ha realizado una inflexión sorprendente:

«El hombre ha llegado a ser el primer producto de la evolución capaz de controlar la propia evolución. No solamente la de las otras especies, favoreciendo las que le interesan y eliminando las que le molestan, sino también la suya propia»

la-logica-de-lo-viviente_9788483106471François JacobLa lógica de lo viviente. Una historia de la herencia, Tusquets Editores, Metatemas 59, Barcelona, 1999, (cita al final del LIBRO). 

¿Cómo es esto posible? Porque es no sólo el último producto de la evolución biológica -de la única de que se ha hablado hasta aquí-, sino también de la evolución cultural.

El puesto del ser humano en el cosmos (apuntes en PDF)


flecha izqflecha der


EL SER HUMANO // NATURALEZA Y CULTURA // El ser humano //El puesto del ser humano en el cosmos // La diferencia // Naturaleza y cultura // LA MENTE // La máquina // La mente // La estructura de la mente // La memoria // Alma y cuerpo. Mente y cerebro //  LA PASIÓN Y EL DESEO // Razón y pasión // Ese oscuro mundo // Lo que nos mueve//La unidad del ser humano //


facebook_logo_detail